






La ciudad de Covilhá no tiene nada de atractivo. Un par de iglesias y un sinfín de cuestas interconectadas con las escaleras y pasarelas más creativas que se puedan imaginar. Plan a partir de ahora: como mi secretaria en España (te quiero, Dieguito) me ha pasado las altimetrías de las etapas (esas que nunca imprimí antes de salir, por las prisas), voy a cenar, a estudiar las dois etapas hasta Cáceres y a dormir. Mañana desayuno incluido, así que tendré que birlar existencias para mis dos próximas (¿o una sola?) noches de campismo.
¡He comprado Tang, qué ganas de que me dé alas en las subidas más «corajosas»! (¿¿existe esa palabra??).

No hay comentarios:
Publicar un comentario